Escala · Mallorca ·
Un día en el mar
Una escala en la bahía de Palma: una cala de piedra y pinos, un baño que no se acaba y un día entero sin escenario.
El mar te pone en tu sitio. Subes a bordo, el puerto se queda pequeño y de pronto solo importan la luz y el viento.
Salimos por la mañana sin plan. La costa se fue abriendo despacio: piedra clara, pinos colgados del acantilado, un azul que no sale en las fotos.
Era la semana grande de la vela. La Copa del Rey llenaba la bahía de mástiles y hasta el agua parecía saberse importante.
Fondeamos en una cala de piedra y pinos y me quedé el día entero en el agua. Sin música, sin escenario, sin más coreografía que la del barco.
Comimos a bordo, tarde. En un barco las horas no avanzan: se quedan flotando.
A la vuelta, con el sol bajando, entendí por qué los marinos hablan poco. Yo vivo del ruido hermoso de un tablao, y cada año necesito más estos silencios.
Historias del viaje
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